27.5.09

Praga, mi novia

Lily me espera a las 11 en el puente del rey Carlos,
al pie de San Juan Nepomuceno, santo de piedra,
santo de agua, mudo, ahogado.
Lily cree en Dios y yo corro hacia ella
y hacia el río y después
los dos iremos hacia las colinas,
hacia el Castillo, hacia la Catedral,
y caminaremos la Callejuela de los Alquimistas
donde Lily descubre oro en las puertas y en las flores
y uno es un gigante que no cabe en las pequeñas casas.

Veremos grandes patios, hermosos panoramas,
y ella me obsequiará el prometido retrato de Neruda
—del viejo checo Jan, no del chileno Pablo—
y yo habré de contarle cómo es el mar
y si algún día regresaré.

Lily me dirá que cuente con ella
y que Praga es mi novia
y que ya no sueñe con las noches danubias
ni con «la negra Viena de los ojos azules»,
porque aquí, a nuestros pies,
un río de bronce y plata nos mira
y es un río que se llama Voltava.

Corro porque Lily me espera
y es posible que ya no crea en Dios
—lo que sería sencillamente horrible para ella.
Sus ojos que tanto han llorado deben mirar
hacia la dulzura del santo que no dijo nada
como ella tampoco parece decir nada cuando la beso
y en su español murmura «No me beséis»
y yo tengo que reírme y casi me muero de risa.

Al día siguiente
—porque ya Carlos Augusto León se ha ido a Zurich
a volar hacia América con su medalla de oro
en el pecho y sus cuentos de llaneros venezolanos—,
al día siguiente bailaremos valses
y al otro día Lily (sólo me queda ella)
esperará el filo de oro de la tarde
para llevarme hasta la puerta del Cementerio Judío
y dejarme de la mano de Dios
para que yo solo con mi alma pise aquellas flores de pavor
y me quiebre los ojos sobre las lápidas labradas
llenas de siglos
y a media voz recuerdo el poema de Nezval.
Porque ahí sólo pisamos la ceniza
y Lily, que cree en Dios,
no quiere entristecer su adoración
por el pequeño Niño Jesús de Praga
que se quedó en su nicho, allá en lo alto de la Malá Strana
con sus quince vestiditos de oro y plata de todos los colores.

Y entonces, como no hay nada ni nadie a la vista,
sueño que los viejos huesos crecen en los dorados árboles
y que una flor tiene la lengua de fuera
porque Lily debe estar loca
y los rabinos están hechos polvo
y en la sinagoga el candelabro mueve los brazos
y el gran Libro abierto me habla
y la palabra «nazis» me da náuseas
y debo entonces pedir la paz en todos los ríos
y para todos los poetas, hombres, niños, mujeres,
y no solamente para la turbia paz del Cementerio
ni la paz para la ceniza que se come
ni para las astillas de huesos que recogí en Oswiecim
ni mucho menos la paz del ghetto de Varsovia.

Por eso, Lily, que cree en Dios y es hermosa y católica,
me dice que si estoy en Praga es porque soy malo
y debo ser un sanguinario comunista
pero que todo me lo perdona
(es tan buena) porque le corrijo su español
y le cuento de mis amigos de México y de las estrellas de cine
y que hay un pueblo lleno de canales y guitarras
y dos terribles volcanes muertos cubiertos de nieve
y para su consuelo una gran cantidad
de iglesias y mucho sacerdotes.

Por eso corro y dejo atrás la fina lluvia
y ya no quiero tampoco recordar la fría tierra de Lídice,
porque me encanta la vieja ciudad y aunque me canse
(cuando regrese a México haré que me operen)
no puedo dejar a Lily con sus panes
y sus frutas, tampoco con sus ojos
que parecen ojos de santa flagelada
ni con su amarga risa de niña.

No me pierdo por Praga, porque ¿cómo perderme
en brazos de una novia amorosa?
Lily me dijo apenas ayer que me entregaba
el corazón de la ciudad
y yo me bebo el aire del río
y va no le pido más porque nada me niega
y porque debo llegar a una hora fija, a las 11,
al pie de San Juan Nepomuceno,
santo de piedra,
santo de agua,
mudo,
ahogado.

Efraín Huerta

A don Carlitos

Si te vas te seguiré queriendo, gladiador. Por ti, siento a la Argentina más cerca y al rojo más latente.

(Ora sí que ahí Tevez..)

La que duele..

Bajé todos los cascos en una sola charola. Bajé todos los cascos y todas las colillas en una sola charola. Es más, hasta me di el lujo de bajar, en esa charola, toda la basura.

Si hubiera sido distinto, me cae que me salgo a la calle, me doy dos vueltas -corriendo,- y regreso a abrir otra, a fumar más y a quedarme dormido con una gran sonrisa en la boca. No, ni charola, ni colillas ni cascos. Que se joda alguien más: yo soy campeón.

Pero no fue así: perdí. Perdí un cartón completo, perdí una apuesta que ni siquiera pago en moneda mexicana. Perdí por primera vez y perdí ante un grande. Perdí ante un equipo que borró de la cancha toda mi esperanza. Perdí ante un dignísimo campeón.

Felicidades, Barcelona.

25.5.09

Omaggio a la Nuit

Algo tiene la noche, qué sé yo, algo de místico; algo de musiquita contemporánea de autor -no sé, checo, tal vez,- con violines quesque desafinados y rete agudos. Algo tiene la sábana que se nos echa encima, algo como de cuerda que nomás jalas y se apaga todo. Algo tiene esta madre que atrae a los gatos -y a los fritos,- y los vuelve locos, algo de espiral eléctrica, hipnótica ora sí que de sol a sol. Algo tiene que fascina ese saberse despierto en un mundo de dormidos, algo tiene esa sensación de unidad en el universo, esa imagen casi cartográfica, casi hecha a base de puntos, algo tiene de especial. Y luego el silencio, también influye, y ese tono naranjoso oxidado de los postes con sus halos puntuales en donde la sombra se marea como niño en feria.

Chale, neta algo tiene esa pinche noche y su olor a lluvia y a pasto mojado. ¿Será que subraya la soledad? ¿Será que uno se siente medio dueño de todo, así tan poco observado como se está? ¿O será nomás que me encanta la noche y que la disfruto más cuando estoy solo, manejando por una calle desierta, escuchando el radio sin locutores, o no, nomás sentado enfrente de la computadora, escribiendo de cómo me gusta escribir de noche?

Así, cerquita..

El coche en una noche de tráfico: una cápsula hermética y el radio tocando unas canciones de un compositor que desconozco pero que me hacen sentir más dentro de esa pastilla, viendo luces rojas, verdes, amarillas que se mueven, rítmicas a veces, siempre en tono con las siluetas de los árboles que se agitan con un leve viento, enmarcando las ventanas iluminadas de un edificio por allá atrás.

Esta vez la noche huele a lluvia y a calor de verano y los acordes me alejan del tráfico y mi pie pisa el freno en autómatico porque en realidad no importa nada, no estoy poniendo atención, no estoy viendo al de enfrente pasar de un lado al otro, no estoy pendiente del policía que me levanta la mano y hace un gesto como de tocar un silbato que no oigo, no estoy ahí porque sólo estoy conmigo y los acordes de esa tonada, de esa canción que me saca de la realidad que a veces vivo sin vivir y que se llama la ciudad de noche.

Y de repente el tráfico empieza a fluir, a avanzar más rápido y se descongestiona; la luz verde pasa por sobre mis ojos como un destello del deseo de llegar a casa después de un día pesado; y los acordes pasan a segundo plano porque voy, cada vez más rápido, acercándome a mi hogar, que tendrá las luces prendidas, esas luces de bienvenida que sólo tiene la casa de noche, la casa después del tráfico y del día pesado, la casa propia, la morada, que me recibe, además, con un dulcísimo olor a azaleas y a noche y a lluvia.

Sigo con la sensación de los acordes y de la noche y de la cápsula y de ese liberador momento de la luz verde y del olor de azaleas; y con eso me voy a dormir, después de un día pesado, después de una noche de tráfico, después de haber aceptado el abrazo paternal de las luces de mi hogar; me voy a dormir, en fin, después de haber sido infinitamente conmovido por un instante en el que estuve más cerca de mi mismo, encerrado en esa capsulita hermética que es mi propia cabeza.

Ni bajaste..

Híjole, qué cabrón, estuve como media hora y ni bajaste. La neta lo respeto y lo entiendo, pero igual está jodido.

Cuando oí a tu madre decirme que si podía lanzarme no lo dudé mucho. No sé porqué fui. Supongo que me interesa mucho la chamba, pero por la chamba en realidad puedo esperar. Total, ando en fin de semestre, no puedo meterle mucho ahorita, tengo que pasar mis materias. No, neta fui porque quería que te asomaras. Quería darte un abrazo, quería que me dijeras que estabas bien. Quería verte.

Y eso que estuve un buen rato. Llegué, saludé a tus padres, me senté con ellos, hablamos un buen rato. Tu mamá estaba haciendo esas empanadas tan buenísimas que hace. Tu papá, como siempre, tan buen tipo. Me dijeron todo lo que pensaban, que los servicios aquí, que tal vez un tapanco acá, que los baños. Yo les dije lo de la tierra, lo de los cimientos, lo de los costos. Y terminamos bien, con una palabra de buena onda. Adiós, Juaco, gracias por venir. (Chale, si supieran..) Al contrario, les dije, gracias a ustedes por todo, la neta son unos rifados -eso para mi, claro, me están ofreciendo un chambononón.

Me volteé, creo que acaricié a uno de los perros, no me acuerdo a cuál, abrí la puerta, y con un buenas noches me fui. El salúdenme a las chicas, el ¿y está? me lo ahorré. No sé por qué. Podría haberlo preguntado, total.. Pero no lo hice. Sólo salí y caminé. Obvio volteé a ver tu ventana, esperando no sé, tu silueta por lo menos. Nada. Me gusta pensar que ora sí va en serio y hasta que no pase no nos vemos y ya. Pero sí fue peliculesco, totalmente peliculesco, esa escena donde va una silueta con un cigarro en la mano caminando hacia la cámara que está mirando una ventana iluminada de donde no sale nadie.

14.5.09

EXEUNT

Algunos días me saben a cobre, como si estuviera oliendo el pútrido aliento de la Muerte que resopla a mis espaldas. Algunos días me siento como cuando empujas lo último de la pasta de dientes.

10.5.09

Overheard 9 - Especial del Derbi de Manchester


Elano Blumer, jugador brasileño del Manchester City

Robinho descarga con Elano.
Elano en fuera de lugar.
¡Qué chispazo de Elano!
Elano, abierto, la pide a gritos.

6.5.09

Overheard 8

Yo sí he hecho cosas, estuve lijando mis huevitos de yeso y quedaron así bien padres, bien lisitos..

2.5.09

The morning after

Las sillas
vacías
me hablan de lo que estábamos haciendo.

Los vasos
vacíos
todavía huelen a alcohol.

En las paredes
queda el eco
de palabras y de risas.

Mi cabeza
a punto de explotar
me pide dormir un poco más.

Pero yo tengo que limpiar
el desmadre que hicimos ayer,
a pesar de traer una cruda
moral
mortal.