27.8.13

La moral y la nostalgia

Crónica del reúso.

Cuando se trabaja en un oficio en el que lo importante es la presentación gráfica de los resultados, el gasto absurdo de papel es inevitable porque cada vez que se hace una revisión es preciso imprimir todos los documentos. Esto, por supuesto, lleva a una disyuntiva moral tremenda, sobre todo si se considera que estamos trabajando en un centro de investigaciones sobre cambio climático y recursos naturales y que todos estos documentos hablan, precisamente, de estrategias de uso eficiente de materiales y energía. Además, dentro de las nostalgias del oficio, todos los arquitectos creemos que todo lo podemos resolver con dibujitos pedorros a mano –aunque esto ya no sea así-, y por eso creemos que es de suma importancia tener papel cerca, no vaya a ser que mientras me saco un moco se me ocurra la solución.
                Si el lector sabe sumar uno más uno se habrá dado cuenta de la sencilla ecuación a la cual estoy por llegar: por un lado tenemos la disyuntiva entre el discurso ecologista y la acción real (gasto papel para decirle al mundo que no lo gaste) y por el otro, la contradicción entre el discurso nostálgico y la realidad informática –siento la necesidad de tener papel cerca aunque todo lo hago a través de la computadora. Todo esto lleva, obviamente, a que la pinche oficina está llena de papeles viejos, sucios, con tres rayones, con notas aisladas, dibujos pedorros, caricaturas del güey de al lado; todos amontonados encima de un cartón que dice, con mayúsculas y absoluto cinismo –DE REÚSO. Y aguas con hacer la finta de querer tirar alguno de estos papeles, que todos voltean a verte como si estuvieras a punto de matar a un perro. Me sofoco: no encuentro los clips que compré ayer, me da miedo que de repente mueva por error alguna intocable versión del documento de hace dos meses y me salga una cucaracha reina dispuesta a matarme, no sé si las correcciones de hoy en realidad son las de hace dos semanas y las de hoy están perdidas debajo de aquella otra pila (puta madre, ¿y si ya las eché a reúso?). No sé qué más hacer. No sé si renunciar. El papel (de reúso) ha ganado la batalla.

                Moraleja: la moral y la nostalgia solo generan basura.