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30.10.14

Todos mis muertos

Vino el fantasma a visitarme y lo dejé pasar.
Abrío la puerta con un ligero viento
y yo, de espaldas,
asentí.

Dejé que me invadiera poco a poco,
que me tocara la piel erizada,
que me silbara al oído su música preferida.
Y me rendí ante su presencia rota
mientras miraba al sol frío entrar por la ventana.

30.3.13

De fondo unas montañas


(La noche en el valle)

De fondo unas montañas.
No, espera, no están de fondo:
nos rodean, nos aprietan
nos asfixian como la humedad casi sólida que parece colarse por cada poro.

Un silencio casi absoluto donde sólo se escuchan nuestros pasos,
algún murmullo cuando alguien dice algo,
el ruido genérico de la selva que nos observa
paciente y quieta.

Un poco más abajo un riachuelo.
No se ve, pero escucha,
frena
y escucha.
¿Lo oyes?

Ya ni me acuerdo a dónde vamos,
llevamos rato caminando
y la luz dorada que nos recibió
y acariciaba las copas de los árboles
se vuelve poco a poco más rosa
más violeta,
y la selva parece acercarse y cerrarse,
aprovechando la mirada imponente de las montañas de atrás
que con la oscuridad se vuelven sólo siluetas.

No, gracias, respondemos
al hombre que se para y nos ofrece aventón,
queremos ir a pie.
Y cuando se aleja aquel motor,
cuando da vuelta en el siguiente meandro del río
el silencio se vuelve más evidente,
la quietud más aguda,
y se siente más presente
la amenaza constante de la noche
y de lo oscuro.

Pero de pronto las estrellas
cuando siento las piernas más pesadas.
De pronto las estrellas cuando la selva
se vuelve un telón de fondo.
De pronto las estrellas
que toman el primer plano.
Y todo el miedo
la oscuridad
el silencio de bichos
la omnipresencia de las montañas
asumen su condición de escenario y entonces
paramos, míralas,
mira cómo se ve esa línea,
cómo se dibuja perfectamente
el límite de la galaxia,
cómo pasa esa estrella fugaz,
cruzando el cielo sin importarle que alguien
acá abajo,
en un valle sumido en medio del mundo oscuro,
la observa.

Mira qué tontos somos,
cuánto nos preocupamos por detalles sin importancia,
cuánto pensamos de las cosas.
Míranos ahí, reflejados en lo infinito,
perdidos en la nada de este silencio,
pensándonos parte de esto,
parte de todo.

Ya ni sé a dónde íbamos.

De fondo unas montañas.

18.3.13

Tardes


Tardes de jacarandas moradas,
tardes doradas,
tardes de luz infinita y cielos azules hasta el horizonte.

Tardes húmedas,
tardes de montañas,
tardes de balcones y terrazas.

Tardes de sobremesa con café y chocolate,
tardes de música,
tardes de agarrarte la mano y sonreírte.

Tardes de aviones,
de esos que dejan una estela blanca detrás,
volando ahí arriba sin un rumbo aparente,
viendo por la ventana, callados,
cómo el sol dorado se pone atrás del Ajusco,
echando una sombra sobre el Valle que nosotros
abajo
vemos desde nuestra ventana, pensando en cuándo volaremos,
cuándo seremos nosotros los que veamos una tarde desde arriba,
dejando todo atrás, olvidándonos por un segundo que después llega la noche.

¿Cuántas tardes nos quedan?
¿Cuántas tardes antes de que el sol se ponga y aparezcan las primeras luces?

28.1.13

El diablo en mi

Tú y yo estamos metidos en esto:
tú no lo sabes
pero yo lo sé porque
te veo desde fuera.

Tampoco sabes que yo soy ese aliento que sientes
y que respiras
y que te hace sentir cosquillitas por la espalda
cuando paso a tu lado.

No sirve que intentes tocarme porque todo está oscuro
y no hay viento
y estás solo
y el apagador queda muy lejos.
De nada sirve que alces la mano
o intentes tocarme:
no estoy ahí.

Paso lento al lado tuyo, provocándote,
sintiendo tu pánico y tus ganas de salir de ahí
mientras sientes mis pasos
ahí al lado tuyo.

y te dan ganas de gritar: lo sé
-unas ganas enormes de gritar porque me sientes,
y sabes que estoy ahí.
y no puedes más
porque no sabes qué pasa,
y entonces yo siento también algo
y sé que quieres correr pero no lo haces,
y en lo que decides te quedas ahí
en lo que el miedo invade como agua cada rincón de tu cuerpo
y yo, alejado,
viéndote todavía,
con la respiración expectante, callada para que no me escuches,
sé que la sigues escuchando y en tu desesperación
siento tu grito salir y lo escucho allá donde estás
pero también dentro de mí
y es un grito agudo
agudo
que me sorprende cuando me doy cuenta

que
yo
también
lo
estoy
gritando.