2.2.10

Experimento

Ahora estoy en medio de un experimento divertido. La idea surgió de un momento en el que me di cuenta que el tiempo es humo y vuela y que una de las maneras en que nos damos cuenta que el tiempo pasa es a través de la memoria. Sin embargo, la memoria también es rara, pues en realidad uno no se acuerda de todo, sino que te vas acordando de "pastillas de tiempo". A qué me refiero con "pastillas de tiempo": uno en realidad se acuerda de etapas de la vida, de un lapso de tiempo al que le ponemos un nombre (viaje a Ixtapa en 2006, la prepa o mi relación con X). Estos lapsos se resumen en momentos emblemáticos de aquella etapa y se archivan como fotos en una carpeta.

Ahora va el experimento: la idea es hacer una cadena de momentos. Obviamente el día en que se me ocurrió quedó registrado el primer recuerdo (un día más en casa de la abuela). La siguiente vez que me acordé fue caminando por un pasillo de la escuela, tres o cuatro semanas después. La siguiente, en una plaza chiquita y vacía con un atardecer muy lindo, aproximadamente seis semanas después. La última fue, por supuesto, hoy, antes de empezar a escribir esto, tres semanas después de la placita. A ver hasta dónde llego con esto..

7.12.09

IPCC

¿Cómo escribir de algo en lo que no crees, si todo el mundo piensa que sí existe? ¿Cómo argumentar a favor de algo perdido entre las líneas de un discurso politizado, en el cual no hay espacio para el debate razonable, y sí para una bola de paranóicos que creen que el Apocalipsis está a la vuelta de la esquina?

Yo safo, me cae.

16.11.09

Era Leyba

De veras que el internet no tiene secretos. Quise buscarte -así nomás por curiosidad,- y te encontré. Resulta que tenía mal tu apellido, resulta que Google no miente, resulta que eres mucho más famosa de lo que pensé al principio. Tienes hasta un video en el que presumes tu cuerpo (padre, por cierto).

Quisiera decirte que en el fondo no me arrepiento, que luego las cosas no resultan pero que cómo vas a saber si resultan si nunca las intentas, que estuvo chido mientras duró ese que sé yo que me dio por romper el esquema y que además qué buena onda que te rifaste y así nomás soltaste tu número, sin saber si yo era un chaca de esos que luego te vas topando. Quisiera decirte que hay maneras, también, y que esa no fue la correcta, que lo de los veinte minutos nunca me había parecido tan cierto y que tampoco hay que quedarse tanto tiempo si se ve que nomás no.

Pero bueno, no te lo podré decir porque ya no nos vamos a ver. No fue lo que esperábamos porque tú buscabas algo en mi que yo no soy, y yo sólo quería saber hasta dónde llegaría. Tal vez las cosas a la fuerza no jalan. Aún así te deseo suerte en lo que sea que hagas, a donde sea que vayas, con quien sea que te encuentres. La vida es como un delta que siempre termina en el mar.

10.11.09

Kentdrige

Si pudiera escoger terminaría en un mundo hecho a lápiz, de bordes difusos y sombras indecisas. En una esquina un edificio, seis pisos, balcones y luz de tarde marcada por trazos débiles. De una de las ventanas sale una línea blanca que se mueve como seda en el viento y que en el fondo sé que es un fantasma de mi memoria. Yo sólo volteo para arriba y la veo pasar, tan llena de gracia, línea mía, y meterse en una ventana del edificio de enfrente.

Mientras subo la escalera -sé que me llama-, escucharía un piano escondido detrás de alguna puerta en alguno de los pisos tocando una melodía lenta y misteriosa, subrayando la profunda soledad de la escena.

No sé si llegaría a la puerta final, aquella donde sé -lo siento lo escucho lo sé,- que está el fantasma. No quisiera arruinar la maravillosa melancolía de sentirme solo y sentir miedo, en este lugar de sueño, en donde yo no soy yo sino algo que voló por los aires sintiéndose libre, sabiendo que no duraría mucho tiempo.

8.11.09

Bólido

Irving es un tipo raro.
Irving no lo sabe pero
todo mundo sabe que
Irving es un tipo raro.

Time it was

Quise quererte como quise quererte (ay, cómo quise quererte).

30.10.09

Cd. de México, 31·X·2009

Día ligeramente nublado con probabilidad de lluvia por la tarde.
Máx. 25
Mín. 14
Amanecer. 6:36
Anochecer. 18:29
Humedad. 59%
Presión. 1012mB
Viento. N/NO
Visibilidad. Despejado.

18.10.09

Funeral

Como que ya chole, ¿no? Todo es siempre el y que si, y el no, cómo crees. Pues no, ahora no. Ahora va y va en serio, sin rodeos, sin mirar atrás; cuando estoy solo estoy solo y punto. Que nadie diga que Dios es omnipresente, que nadie venga con cuentos chinos de la moral si ellos mismos ni saben de qué hablan. A todos ellos: valió, jugamos dos y ora sí ya bailó, me voy. Sí, desvelado, güey, pero lo bailado nadie me lo quita...

CURP

Para mí, la identidad es la suma constante de experiencias que van formando una moral personal, y que, aunque tiene profundas raíces en la familia y el entorno inmediato –la escuela, el país, etc-, puede ir cambiando según sea la vida de una persona. No existe la identidad fija, sino una identidad mutable que gira alrededor de un centro determinado desde que somos niños.


Creo que lo que nos define es lo que pensamos y lo que hacemos. Buenas tardes, soy Joaquín, y soy así, nomás, lo que ven. ¿Que qué soy? Soy producto de una mezcla entre todo lo que he vivido y lo que me han enseñado. Intento buscarme e identificarme en todo lo que veo y también adaptarme a cualquier circunstancia y de entender al otro desde su punto de vista. Soy mexicano, soy lancasteriano, soy chilango, soy de Tlalpan. Soy un poco de mi madre, soy un poco de mi padre, de mis amigos, de mis libros, de lo que me gusta; pero también soy lo que no soy y lo que no me gusta. Soy un cúmulo de experiencias que me ponen en donde estoy hoy.


También creo que uno puede tener muchas identidades y no necesariamente estas se cancelan. Yo soy uno aquí pero soy otro en otro lado –aunque estos dos ni se niegan ni se olvidan. En lo que viene sé que cambiarán cosas, tal vez tenga una vida común –terminar la carrera, encontrar trabajo, casarse, tener hijos,- o no, hacer otra cosa. Pero sé que seguiré siendo yo, y seguiré viendo al Joaquín de ocho años que era fan de Tutankamón, al Joaquín de la prepa que estaba medio güey, al de hoy, del cual me reservo comentarios, y así a todos los Joaquines que me antecedan.


La identidad es un camino personal, común y de gran escala. Personal porque es como nuestro currículo, común porque hay quienes tienen un currículo parecido y de gran escala porque en con ella se hacen pueblos y mundos. Así, a través de la identidad soy en la vida.

6.10.09

Paz

Vaya que he tenido momentos de paz, los recuerdo mejor que nada.

The Holliest Moments

Pasto seco y Día de Muertos, el sol que deja su brillantez veraniega y se pone su abrigo dorado de invierno y hojas en el piso. Los días se vuelven más cortos y, de repente, parece que hay menos gente en la calle. Empieza el fin del año.

Voy caminando debajo de una serie de truenos y laureles y, cuando cierro los ojos, me doy cuenta que por un segundo estoy en otro lado, ¿en dónde? No importa mucho, pero creo que es algún lugar de Hidalgo. Acabo de caminar unos diez minutos desde el rancho de alguien que no conozco, paso una canterita de piedra pomez y llego a un barranco -Hidalgo, claro, lleno de nopales y pasto seco y piedras y siempre un perro blanco que jadea bajo la sombra de alguna maleza.

En el fondo del barranco, que no es muy profundo, pasa un río. Lo sé no sólo por el ruido suave del agua allá abajo, sino por lo verde de los árboles que marcan esa línea. Me siento un rato nomás a ver, nomás a estar ahí sentado escuchando el agua y el viento que juega escondidillas en mis tímpanos. El tiempo sólo pasa para ese halcón que vuela por ahí arriba, a veces dando un par de aleteadas pero generalmente estático, suspendido junto con todo lo demás de alrededor.

En este lugar, como en aquel otro, del que por ahora estoy ausente, estoy solo. Pero no es una soledad nocturna de largas horas de silencio, sino una soledad en donde el juego es ser un expectador pasivo en un acto tan natural que parece ajeno.

1.10.09

Esa tarde cobriza

Hochob o Dzibilnocac y Chac que me mira desde su trono en una estructura de caliza blanca, atento a todos mis movimientos con las fauces de fuera, como si quisiera decirme lo que viene. El sol le pega de lado -es tarde,- y Chac, cansado de estar ahí por los siglos de los siglos, se yergue detrás de esa luz de cobre, orgulloso, dejando que entren esos últimos rayos por todos sus relieves, mientras espera -paciente, como siempre,- a ser consumido por su hermano Cauac. La noche se acerca tan vacía y solitaria como ha sido todo el día en la ruina, todos los días en la ruina, en donde este dios quedó como único testigo, ansioso de compartir su secreto inmóvil con el primero que lo quiera escuchar.

Estoy, no sé, hospedado en Campeche, Mérida, Yucatán, qué sé yo, no importa, no sé cómo llegué ni cuanto tiempo llevo aquí ni cómo voy a regresar. Lo que sí sé es que estoy enfrente de Chac y quiere que me quede. Veo sus ojos, vírgulas de piedra que no lloran sino musgo de zona árida. Veo su nariz, como lengua, sin gusto, seca de no hablar, de no moverse ni con el viento. Veo sus dientes, desgastados de tanto sacrificio y sus enormes aretes que le pesan como los años.

Los grillos y los moscos nos advierten con sus cantos que la selva baja nos acecha y que en cuanto baje el sol nos tomará por sorpresa. Mi anfitrión parece resignado a perder la batalla, dice, la pierdo todas las noches, dice, la gano durante el día pero la pierdo en la noche. La luz juega abusiva con lo ríspido de la piedra piel caliza del dios blanco, como un baño dorado, empapando de calor lo que no se empapa de lluvia, cosquilleante como el ruido del último cahuiz de la tarde buscando algún último bocado antes de dormir.

Chac respira profundo y suena como una cueva. Es el fin del día -otro más,- y la noche, otra vez la noche que aprovecha cuando no está la luna, como hoy, para presumir sus estrellas en medio de este lugar en donde sólo está este dios y su eterno rival, librando una batalla eterna que ya a nadie le interesa. Por los siglos de los siglos..

21.9.09

Decisión

Harto ya de estar harto de las fronteras, abrí los ojos para darme cuenta que todo era una mentira.

6.9.09

Jaromír Hladìk

Son estas cosas, sabes, tan efímeras que son casi como una foto. Pasan como todo pasa y ya luego ni te acuerdas que pasaron; pero te dejan algo, no sé, como una manta o una chispa, algo que te mueve porque en realidad eso te movió, aunque fuera solo un instante. Luego ya no eres el mismo, por supuesto. Sigues con tu vida pero ya no eres el mismo.

Segundos más, segundos menos y, cuando te das la vuelta, un telón que se cierra y que deja sólo siluetas en tu memoria.

1.8.09

Terror II

Había tenido una pesadilla en la que alguien me seguía por callejones desiertos. Me levanté de la cama y no quise abrir la cortina, que por suerte era pesada y hacía el cuarto muy oscuro. Caminé hacia el baño y no me sorprendió darme cuenta que no me veía reflejado en el espejo. Entonces me entraron unas ganas enormes de ir a un hospital, pero tendía que esperar hasta la noche.

31.7.09

Terror I

Cuando me vio abrió los ojos y se puso pálido. ¿Qué pasa?, le pregunté, parece que acabas de ver a un fantasma.

27.7.09

Comandante Molina

Eres un cerdo
le digo,
por gente como tú
hijuepú
le digo,
Mírate,
con tu panzota y tu cara de cínico impune
cobrando lo que "dice la ley",
te detesto y detesto verme reflejado en tus lentes
que esconden tus ojos rojos de borracho ojete.
y yo, callado
-no dije nada-
enfrente de ese pinche gordo "Comandante"
así, con mayúscula
y con su placa reluciente y diente de oro,
que ya sacó pal gasto..

Cola

Estoy haciendo algo,
agachado
y que se me para una mosca
en la parte baja de la espalda
Qué martirio
pinches moscas
Agito mi brazo y siento cómo levanta vuelo
Si tuviera cola, pienso
como vaca
como caballo.

29.6.09

Las malas influencias

Alejate de las malas influencias, me decía el pinche argentino ese cada vez que me veía dando el rol por ahí por donde él andaba. ¿Tú qué, gordito, muy de a pedo o qué chingaos? Y se quedaba callado, viéndome con esos ojotes azules que tenía. Parecía un querubín, de esos de iglesia barroca, con sus cachetotes y su pelo rizado y güero. Decía que había llegado hace un chingo escapando del peronismo y que la Plaza de Mayo y el barrio de la Chacarita y que la represión porque él era muy acá. Ni madres, eso que se lo crea su pinche madre, lo dejó su vieja, la Rosario, no tuvo chamba y se le hizo fácil venir para acá.

Vendía mota -y coca y anfetas y todo eso,- cerca del Parque Hundido, en un depa que le rentaba a una ruca bien cagada por poca "plata", como decía, y que había rentado porque al parecer la ruca no se daba cuenta ni del olor ni del negocio, cosa que le convenía ampliamente. Por suerte no le había pedido papeles ni contrato, porque apenas y tenía pasaporte y unas cuantas fotos de la Rosario, que guardaba en una cartera todas sudadas en las nalgas.

Me acuerdo de la primera vez que lo vi. El Andreco me llevó con él, diciendo que ora sí había encontrado de la chida de Michoacán y además rete bara. Llegamos tarde, como a las tres de la mañana, entre chiflidos de putas y un viento ojete. El depa era un desmadre, lleno de cajas con libros marxistas y muñecos de acción, con platos sucios por todos lados y restos de Glorias de Coronado pegados a las alfombras -decía que las Glorias le recordaban a los alfajores. Había un gato poca madre, todo gordo, peludo y lleno de rastas, que si le buscabas bien encontrabas cocos y con suerte hasta una bacha. El gordo Gabrielito estaba sentado en un sillón, con una sábana en los muslos, limpiando la mota como sólo él sabía. Ahí todavía traía esa barba que le quitaba su cara de querubín y que luego perdió en una apuesta con el Andreco por un partido Argentina-Brasil en el que Messi parecía un pedo y Kaká se lució.

Esa vez llegamos y Andreco me lo presentó. Un gusto, me dijo, Gabriel, y supe en seguida que era porteño. ¿Querés fumar un poco? Bueno, le dije, aunque traía el coche. La probé y la neta es que sí estaba bien buena, olía fino, como a amanecer en el Ajusco. Después nos quedamos platicando un rato y fue cuando nos contó que la Rosario lo había dejado por un jugador de Boca de esos que luego se van a un equipo de segunda de España y que nunca llegan a la selección. No quise preguntarle su edad, porque o era un ruco que se veía muy joven o un joven puteadísimo. No era nada tonto, eso que ni qué, el pedo es que era un güevón de puta madre y además inventaba historias que, aunque ficticias, eran muy cagadas.

Poco a poco íbamos más a su casa y nos fuimos haciendo muy cuates. Las tardes las pasábamos entre toques y chelas -yo,- y él su mate, que no quería cruzar. Nos la pasábamos a toda madre, hablando de "fúbol" y de cine, de Borges y Fuentes, de la Kirchner y de Obama y de todo de lo que pudiéramos hablar. Luego se fue el Andreco a hacer una maestría a España y nos quedamos sólo el Gabrielito y yo, acariciando al gato o fumando alguna novedad de algún estado de la República.

En algún momento me contó que su ex le había hablado desde Tenerife, que tenía problemas con el "Pincho" Gonzalez -justo había descendido el Tenerife,- y que no había sabido a quién buscar. Había hablado con su hermana en Buenos Aires y ésta le había dado su teléfono de acá. Me acuerdo que me lo contó casi con lágrimas en los ojos, mientras sacaba de su pantalón la foto de la Rosario, que me había enseñado tantas veces que ya la conocía de memoria. Estaba pedísimo y no quiso fumar. Tenía tanto sin saber de ella, Juanito. En ese momento me di cuenta que Gabriel estaba totalmente solo.

Tenía cuates, sí, pero amigos amigos creo que sólo yo. Todo mundo llegaba a su casa, fumaba, compraba y se iba. Yo, y Andreco en su momento, era el único que me quedaba ahí, escuchando sus historias de cuando era un chavo y Kempes hacía de las suyas, de sus viajes a los Andes y a los glaciares de Tierra de Fuego, de sus tardes en Palermo en donde conoció a la Rosario. Alguna vez, ya que me iba mejor en la chamba, quise invitarlo a comer y presentarle a la chava con la que andaba, pero no quiso y se quedó en su casa, seguramente fumando o echando el mate.

Luego de eso desapareció por un tiempo. Me acuerdo de haber llegado a su depa y de haber estado toque y toque sin respuesta. Pensé que se habría quedado dormido el muy pacheco, y que por eso no me pelaba. Pero nel, luego de un rato supuse lo que había pasado. Habría contestado el teléfono bien noche para escuchar a la Rosario que le decía vámonos a Buenos Aires, te veo ahí, donde siempre, y nos comemos un asado de tira o un buen bife. Habría empacado algunas cosas, las más importantes, y habría comprado un boleto a Buenos Aires de inmediato.

Así pasaron unos meses, el Andreco regresó de España con una morra española que lo había cambiado un chingo, ya no fumaba y apenas se echó una chela. Nos vimos un par de veces más, pero nomás no rifaba el asunto. Ni me preguntó por Gabriel. Yo ya había conseguido otro diler, un vato bien ñero que vivía por la Portales, al que nomás le echaba un fon, pasaba por la mota y me iba. Pero la neta ya no me daban ganas de fumar, como que ya había crecido, ya tenía una chamba más o menos estable y las cosas sí iban en serio con mi chava.

El Querubín se me fue olvidando y fue pasando a un rincón de la memoria que abría pocas veces hasta que un día, yendo a comer con mi jefa, me dijo que el día anterior me había hablado un tal Gabriel, que me buscaba con urgencia y decía que si le podía llamar, que le dejaba el número a mi madre. Tardé un rato en pensar en Gabrielito, como que no pensé que fuera a ser él, pero luego me acordé que me había salido de casa de mi jefa como dos meses después de que se había ido y que obviamente no tendría mi nuevo teléfono. Le hablé en la noche, llegando a mi depa. Fue cagado porque hasta ese momento me cayó el veinte de que estaba como a dos cuadras del otro depa, el de la ruca.

Me contestó una voz claramente aguardientosa, como echada a perder. Juanito, qué gusto, ché, sabía que me hablarías. Pues cómo no, pinche gordito, ¿en qué te metiste, cabrón? Pasé unos días en casa, ché, tenía que arreglar unas cosas allá. Pero ni un pinche telefonazo, güey, me tuviste bien preocupado. Ya no podía más, loco, quería largarme de inmediato, perdoname, no sabés lo que me costó. Bueno, ya, ni pedo. ¿En dónde andas, güey, cuándo llegaste? Ahora estoy acá en la Calzada de Tlalpan, en un motelito mierda de esos de putas. Llevo unos días acá, llegué el martes. Estoy pensando en hablarle a la vieja esa a ver si está bueno el depa todavía, eh, que estaría bueno poder regresar allá. ¿Y vos, qué te has hecho?

Quedamos en vernos al día siguiente y le ofrecí quedarse unos días en un cuartito que tenía libre en lo que buscaba un lugar. Me dijo que quería dejar la mota y ponerse a hacer algo, no sé, loco, escribir una novela, qué se yo. Es triste, sabés, eso de estar todo el día metido en casa sin nada qué hacer. Se consumen las tardes y yo sigo en lo mismo. Ahora que te veo, no puedo evitar pensar que eras un nene cuando te conocí. Ya creciste, Juanito, y estás bien vestido, y sabés de qué trata la vida. En cambio yo estoy hecho bosta.

Resulta que la ruca ya se había muerto y que el depa lo rentaba ahora la hija, que no tardó ni un mes en correr al pobre Gabriel, que terminó en un pinche departamentito de paredes despintadas en la Latinoamericana. Seguía siendo el mismo desmadre de siempre y, contrario a lo que me dijo, en seguida consiguío proveedor y clientes y se puso a vender ahí mismo.

Yo lo visitaba cada vez menos y cuando iba ya no se me antojaba fumar. Gabriel ya hablaba lento y sus conversaciones dejaron de ser lúcidas. La última vez que lo vi fue un sábado que llegué como a las seis de la tarde. Llevaba ya rato sin verlo y, cuando me abrió me sorprendió que se había dejado la barba otra vez y que parecía rabino judío, nomás que con los ojos todos rojos. Estaba flaquísimo y en el suelo había un chingo de envolturas de Glorias. En la sala había unos vatos con una pinta jodida y una mala vibra espantosa. Ni siquiera estaban fumando mota, se la pasaban inhalando algo que creo que ni a coca llegaba. Cuando me vieron entrar se pararon y se fueron inmediatamente, despidiéndose de Gabriel. A mi ni me voltearon a ver.

Ese día, Gabriel me contó que estaba en pedos con los otros dilers de la unidad, que no les latía que un "pinche güero" les estuviera robando a la clientela. Yo le dije que se anduviera con cuidado, que se saliera de ahí lo más pronto posible. Ahora creo que ya era muy tarde.

Como cuando se fue a Buenos Aires, pasé mucho rato sin verlo y, cuando ya se me estaba olvidando el pobre gordito, vi en una notita en el periódico la noticia de un asesinato a las afueras de Metro Copilco. Se hablaba de un crimen "relacionado al narcomenudeo". La víctima, que se creía vivía en la Latinoamericana, todavía no había sido identificada, pero la descripción no me dejaba la menor duda: barbón, gordito y, como dato curioso, con los bolsillos llenos de Glorias.

23.6.09

Cucrrrrón

Otra vez
corriendo detrás del gato
intentando agarrarle la cola
al ratón.