27.9.12
Enemy at the gates
16.6.12
Hommage à l'hiver
A mi me gustaba ver por mi ventana aunque no tenga vista a nada. Me gustaba porque veía el día, así cortito, pasar. Y sí, salía de repente a congelarme y a hacer mis cosas: veía gente y a veces hasta nos reíamos y hablábamos sorprendidos del frío que nos envolvía como manta ojete y con espinas. Luego entrábamos en uno de esos cafés a intentar recalentarnos, que funcionaba siempre más por estar lleno de gente que por el café en sí. Tomábamos uno, dos, y volvíamos a salir, a caminar por uno de esos bulevares llenos de troncos secos y hojas muertas y coches y luces y viento. Y yo soñaba con la nieve -que nunca vi,- y con todo blanco y con inviernos pesados y quería ¡qué ganas! estar, no sé, en Dinamarca, o en Finlandia, en un invierno en serio en serio, cagado de frío y encerrado en una choza de madera.
Y me quejé, sí, me quejé amargamente: pinche frío. Y me quejé tanto que al final me seguía quejando cuando ya había terminado y no me di cuenta y el cielo ya era más azul y los días más largos y otra vez las faldas y las chanclas y yo, despojado de toda indumentaria, me di cuenta que extrañaba el invierno. Extrañaba esa sensación que hay de casa caliente y chocolate fundido -de fuego ante el frío y de estar encerrado. Extrañaba inmensamente sentirme en un mundo hostil donde todavía hay esperanza porque algún día llegarían los buenos días. Y lo extrañaba porque el invierno es introvertido y lento; y la noche, siempre la noche con sus luces y su vin chaud y sus cenas recalentadas. Y eso, también, estar entre la gente que siente lo mismo, que sabe que sí, todos tenemos frío, todos estamos juntos en esto, todos solos y reflexivos pero ahí, sonriendo y dándonos la mano como apoyo.
Y luego la primavera que sí, es bonita pero no es lo mismo. Todo mundo sonríe pero ya no es una sonrisa cómplice sino simple, y la sensación de hermandad se pierde. Todo se vuelve más rápido y hay gente y niños y perros y picnics en los parques pero ya no somos cuates. Y los árboles te tapan la vista y te sientes arropado por la ciudad y no desahuciado como cuando es invierno y te señala con el dedo. Y el sol, que se vuelve normal y plano y te pega directo y te calienta y ya no quieres ir a un café porque el calor y hay que buscar una sombra. No señores: el invierno es rey y se quedará conmigo hasta que haya otra oportunidad. Hasta entonces, tendré que acostumbrarme al calor.
Los buenos días
Ah, y buen día y besos enormes y añoranzas terribles y manos vacías con polvos de esperanza y un cometa dirección norte-sur y una bufanda pal frío y un arrumaco en la noche y unos pies descalzos y un par de cigarros sin fumar y dos chelas vacías y un cuarto pequeño pequeño y dos ríos enormes y puentes y más puentes y aeropuertos, también, con miles de kilómetros y una sola meta: volverte a ver.
Me gusta verte dormir o stream of consciousness
Me gusta verte dormir, duermes con una sonrisita bien padre y la ventaja de que no esté ahí es que puedes dormirte, que si no estaría llenándote de besos o mirándote tan fijamente que te sentirías incómoda. El problema, además, es que yo no dormiría nada, por lo que al día siguiente estaríamos muy cansados los dos. Estaría tan prensado a ti que sentirías mis propios espasmos antes de quedarme dormido, y tendrías mi nariz adentro de tu oreja. Mi mano, ya dormido, sería como una ruina desfallecida en tu espalda, cansada ya de tanto acariciarla. Mis piernas serían como las ramas de un árbol parásito, entrelazándose con las tuyas e invadiendo cada rincón en un intento por tocar la mayor superficie posible de tu piel. Y de tu boca... qué decir de tu boca... La haría mi segunda casa, mi capilla de oración mañanera, mi cuarto para dormir, mi cajón más íntimo, pero también sería mi parque, mi columpio, mi juguete favorito, y en las noches, besándola, le construiría catedrales enteras y pasearíamos por todas las galerías tomados de la mano, tu boca y yo, escondiéndonos de todos los males y olvidándonos por un momento -porque acuérdate que estamos dormidos,- de todo lo demás.
Así sería si ahorita pudiera estar contigo.
1.7.11
Volver
Ahora vuelvo, y vuelvo porque creo que es tiempo de ejercer aquello que he estado haciendo conmigo mismo. Sé perfectamente que el blog ha muerto, que ha dado paso a líneas cortas y que nadie leerá éstas líneas largas y aburridas. Pero creo que, a falta de terapia real y habiendo superado aquel período de mi existencia en donde creí necesario hablar con alguien, regresar me hará bien en cuanto a que podré hablar conmigo mismo. Así, pues, empieza la segunda etapa: un intento de tener un registro de mi y tal vez sólo para mi, en el cual intentaré, en la medida de lo posible, satisfacer el gusto de algún curioso que acabe por aquí. Bienvenidos sean a Aventuras del Capitán Adocreto.
18.1.11
Divorcio
30.11.10
6.7.10
Tejocote
28.5.10
La bronca
4.5.10
27.4.10
Sinfonía de una gran ciudad.
Negro, y de repente una musiquita. Me despierto, hay que bañarse, hay que desayunar, hay que ir a la escuela, salir al tráfico, tráfico de las seis, seis y media, encontrar lugar en un estacionamiento lleno donde la gente inventa un lugar. Yo no, lo busco, me desespero, encuentro uno, apenas entro, apenas salgo, la clase, buenos días, estructuras, cigarro, administración, café, teoría, biblioteca, credencial, tit, nombre, salir, coche, tráfico de las dos, dos y media, hay que comer, hay que ir al baño, de regreso, regreso a la escuela, boa tarde, portugués (y esa chica que me mira con ojos de no sé qué), y salir, un bar, una cerveza, dos cervezas, tres cervezas, a casa, tráfico de las siete, siete y media, sándwich, un ensayo, dos correos, dientes y a dormir.
Idem.